Como Plantar una Revolución
Por Dick Eastman


El verano de 1988, Dick Eastman, presidente internacional de Cada Casa para Cristo, llevó un equipo de jóvenes intercesores a una caminata de oración (Caminata Josué) a Rumania y Bulgaria. Esta es una narración de aquel viaje, tomada de su libro, The Jericho Hour.

El equipo viajó por autobús a través de Bulgaria. La opresión era tan intensa que todos los miembros del equipo sentían su peso. Nos habían dicho que el líder comunista de Bulgaria, un estricto estalinista, había estado en el poder más tiempo que cualquier otro dictador en Europa Oriental desde Stalin.

Viajando por Bulgaria, nuestro autobús se convirtió en una reunión de oración sobre ruedas tocando con intercesión cada villa que pasábamos. Nos dirigíamos a la frontera rumana por la capital búlgara Sofía. Después de llegar como turistas a un hotel de la ciudad, decidimos visitar el gran parque central de la capital y dividirnos en grupos más pequeños para orar. Pronto los equipos se extendieron entre los árboles, intercediendo por la nación.

Wes Wilson, el líder del equipo adulto, sintió reunir a su grupo en un gran claro que no tenía gente en esa hora particular del día. Dios le había dado una imagen mental de un acto “físico” que sentía que liberaría algo del propósito sobrenatural de Dios sobre Bulgaria en el futuro.

Con lágrimas, Wes pidió a cada joven a cavar un pequeño hoyo en el suelo como si fueran a plantar una semilla. Ellos respondieron rápidamente, aunque uno o dos sonrieron pensando en la extraña acción que realizaban.

Con los hoyos listos, Wes instruyo a cada joven guerrero a tomar del cielo una semilla invisible de la gloria de Dios y plantarla en el suelo. “Solo una revelación de la gloria de Dios puede salvar a Bulgaria,” les dijo.

Pronto las lágrimas llenaron los ojos de algunos del grupo que sentían que el Espíritu Santo dirigía esta actividad inusual. Cada uno dirigió una oración, y las semillas fueron cubiertas simbólicamente con un tiempo de oración al final.

De pronto Wes agrego una simple oración que meses después probaría ser auténticamente profética. “Creo que un día una revolución comenzara en este mismo lugar.”

Eran palabras valientes que podrían haber sonado como meras expresiones de fe en ese momento. Pero lo que Wes dijo enseguida era tan mesurable que todos en el grupo levantaron sus oídos. “También creo que un día voy a leer la respuesta a esta oración en la primera página de Los Angeles Times.”

El siguiente año, a mitad de noviembre, llegue a casa de nuestra oficina en California tarde una noche, recogiendo los periódicos en la puerta... mis ojos se congelaron al ver la primera página de Los Angeles Times. “Búlgaros Toman el Cambio con Precaución y Desconfianza,” decía el encabezado.

Mi corazón se acelero cuando comencé a leer el articulo. Decía como la “revolución” había llegado a Bulgaria y como había comenzado en un claro en el gran parque central de Sofía. Los demostradores habían puesto una mesa invitando a los búlgaros a firmar una petición en contra de las acciones del gobierno comunista...

El grupo inicial de quienes firmaron no era más grande del tamaño de nuestro equipo de intercesores. Pero rápido ese grupo creció a cientos y después a miles. ¡La Revolución Búlgara había comenzado! Y como el artículo explicaba, todo comenzó en el claro en el parque central de Sofía. Yo creo que algunos de nuestros jóvenes intercesores podrían reconocer ese claro.

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