Capítulo
I
Tomando
Su Nombre en Vano
“Dios
se complace tanto cuando encuentra Su corazón palpitando en otros”1
Steven C. Hawthorne
Poniendo a Jesús de nuevo en el Pesebre
Cuando mi hija mayor, Jessica, cumplió un año,
celebramos dejándole comer pastel y nieve por primera vez. Hasta
este cumpleaños habíamos hecho lo mejor que pudimos para
mantenerla alejada de los dulces, pero ahora ella alegremente se batía
toda la cara con postres mientras agarraba puñados de pastel
de chocolate. Cada cumpleaños, tratamos de enfocarnos en lo que
es significativo para la persona que celebramos. Damos regalos que pensamos
le agradarán. Hasta tratamos de sorprender al que los recibe.
En diez años, sería completamente inadecuado regalarle
a mi hija una mordedera o alguna sonaja. De nada le servirían.
No es impropio recordar lo adorable que era de bebé, pero sí
sería terriblemente inapropiado celebrarla como si todavía
tuviera un año.
Siempre me resulta interesante observar que en la época de Navidad
el nacimiento de Jesús es el centro de atención, en lugar
de ser ¡Jesús mismo! Quizás digas que sí,
que todo se enfoca en Jesús. No, toda la atención está
en Jesús como bebé: miramos pinturas de él, representamos
su nacimiento, cantamos acerca de tamborcillos y borricos. No nos enfocamos
en Jesús, quien vive para siempre. Él ya no es aquel lindo
e inofensivo bebé recostado en la paja, representando paz y amor.
Estoy convencido de que celebramos al niño Jesús porque
no representa amenaza alguna. Por si acaso lo hemos olvidado, el pesebre
está vacío, y Jesús ha crecido.
Durante la celebración de Navidad en nuestra iglesia, en medio
del programa, una jovencita se percató para su horror de que
el pesebre estaba vacío. Corrió desesperadamente cruzando
el foro hasta donde estaba el muñequito que representaba el “Niño
Jesús”, lo tomó y regresó al foro y hábilmente
colocó a Jesús en donde “debía estar”.
¿Somos
en la iglesia culpables de poner a Jesús, el Rey del Universo,
otra vez en el pesebre para poder sentirnos seguros, aliviados
y libres de amenazas? ¿Cómo es posible que podamos lograr
que todos se inclinen ante el pesebre, pero ignoren al Hombre que es
digno de nuestra adoración? Todo el mundo parece estar ansioso
por inclinarse ante el Jesús que está quieto, apacible,
y que, por supuesto, no representa amenaza alguna, en tanto que la versión
adulta repulsivamente demanda obediencia.
El bebé Jesús no desafía nuestra cultura, pero
el Jesús adulto sí lo hace. Cuando un hombre le preguntó
a Jesús como podría entrar en el cielo, Jesús no
lo guió en una sencilla oración del pecador. En cambio,
le dijo que vendiera todo lo que tenía y que lo diera a los pobres.
El Jesús real, que ha crecido, no es tan fácil de amar.
Él ofende el sentido común y las normas culturales. Algunos
dicen, “Quiero seguirte”, y Jesús contesta, “No
tengo donde recostar mi cabeza”. Otros dicen, “Déjame
servirte”, y Dios les ordena, “Deja a tu padre, casa, tu
pueblo y cultura, y ve a la tierra que yo te mostraré”
(Gén. 12:1-3).
El cristianismo de los Estados Unidos, al cambiar la verdadera adoración
por esta adoración al bebé, está desquiciado. Entonamos
cantos como “Hay un Río de Vida que fluye por mí;
hace caminar al cojo y al ciego ver; abre puertas de la cárcel,
a Él ya me rendí. Hay un Río de Vida que fluye
por mí”. Sin embargo, muy pocos de nosotros hemos visto
a Dios moverse así, y muchos menos a través de nosotros.
Vivimos un cristianismo superficial, hueco, y difícilmente nos
damos cuenta. Nuestro cristianismo no se parece en nada al Libro de
los Hechos, y eso no es problema para nosotros. Nuestro cristianismo
es anémico y débil comparado a los gloriosos días
apostólicos. Hemos comenzado a re-escribir nuestra teología
basándonos en nuestra falta de experiencia, en vez de basarla
en las Escrituras. Muy pronto nuestra teología será tal
que las exhortaciones escriturales no se aplicarán, y sus ejemplos
serán considerados aislados e irrelevantes.
La mayoría de las denominaciones en Norteamérica están
disfrazando el hecho de que el crecimiento en Norteamérica es
negativo, escondiéndolo detrás de las estadísticas
de gran crecimiento en dos terceras partes del mundo. Si encontramos
una iglesia que crece en alguna ciudad, casi siempre es crecimiento
por transferencia. En otras palabras, está creciendo a expensas
de otras iglesias, en vez de con convertidos. ¿Cómo es
posible?
Hemos olvidado quién es nuestro Dios. No estoy hablando de incluirlo
simbólicamente en una oración antes de la escuela, o poner
una cruz en un escudo de la ciudad, o hacer una representación
de Su nacimiento una vez al año. Estoy hablando de olvidar al
hombre:
Jesús. Nuestra adoración y ofrendas son a menudo inapropiadas,
porque no sabemos quien es Él o lo que Él desea. Tenemos
que proponernos a redescubrir quien es nuestro Dios, porque lo hemos
abandonado. Ya no somos personas que nos abandonamos a Él. No
somos personas conforme a Su corazón.
¿Qué
es el Corazón de Dios?
¿Qué es el corazón de Dios? El Corazón de
Dios es Su naturaleza, Su carácter, Su pasión, Su propósito,
Sus anhelos, Sus deseos y Sus ambiciones. Es lo que sueña, en
lo que consisten sus metas e intenciones, lo que son Sus intereses,
lo que produce una sonrisa en su rostro y lo que le puede producir enojo.
Es Su centro emocional. Esto es el Corazón de Dios.
Quizá algunos prefieran pensar que Dios no tiene un lado emocional,
al menos no uno que nosotros podamos afectar. Sin embargo, así
como un hijo obediente produce alegría en mi corazón y
un hijo desobediente produce dolor y a veces indicios de rechazo en
mi corazón, así Dios se regocija y sufre por nosotros
como un padre.
Jehová
está en medio de ti, poderoso, Él salvará; se gozará
sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará
sobre ti con cánticos.
(Sofonías 3:17 VRV 1960)
¡Jerusalén,
Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te
son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos,
como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!
(Lucas 13:34 VRV 1960)
Y cuando
llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,
diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos
en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está
encubierto de tus ojos.
(Lucas 19:41-42 VRV 1960)
Por eso
mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré
de él misericordia, dice Jehová.
(Jeremías 31:20 VRV 1960)
Él
se conmueve profundamente por nuestras vidas. Su corazón se quebranta
por los perdidos, ¡y celebra cuando una moneda es
encontrada! ¿Hay alguna duda de que Él es el Padre que
se regocija por el hijo pródigo? ¡Nuestro Dios es un Dios
apasionado y emocional! Nosotros le afectamos. Pocas cosas producen
felicidad en el corazón del Padre como ver que Su hijo busca
las cosas cercanas a Su corazón. ¡Oh, qué todos
podamos ser “astillas del mismo palo”!
Lo que esta generación de cristianos necesita, más que
cualquier otra cosa, es conocer quién es Dios. Necesitamos dejar
de tratarlo como si fuese un bebé, necesitamos encontrar lo que
hace palpitar Su corazón. Si quieres complacerle, ¡Descubre
lo que Él quiere! ¿Cómo puedes saber lo que Él
quiere? Escudriña Su corazón, y conocerás la Persona
de Dios. Cuando encontremos Su corazón, entonces, y sólo
entonces, “oleremos” otra vez como los cristianos del primer
siglo - ¡hombres y mujeres conformes al corazón de Dios!
En su libro El Deseado de las Naciones, Egbert Smith escribió:
Ser como
Cristo es la meta y anhelo de cada verdadero hijo de Dios. Una semejanza
a Él que va creciendo es la prueba concluyente de que nuestros
nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Para
ser semejantes a Cristo necesitamos despojarnos de nuestro egoísmo
y estrechez. Debemos emular la grandeza de corazón de Aquél
que murió por todos los hombres. Sentir afinidad con el gran
corazón y propósito de Cristo es la esencia suprema de
la semejanza a Cristo. No es la lectura bíblica; no es el ir
a la iglesia; no es el pronunciar oraciones; no es el dar diezmos, ni
es adherirse a un credo ortodoxo. Estas son cinco ayudas espléndidas
para desarrollar la semejanza a Cristo, pero no son lo fundamental.
Muchas veces son substitutos de lo fundamental. Los fariseos cumplían
los cinco. Sin embargo, mostraban una total, horrenda y condenatoria
falta-de-semejanza a Cristo. La semejanza a Él significa afinidad
con Su gran corazón y propósito. En esto consiste la vida
espiritual; en esto consiste la semejanza a Cristo; y no en ninguna
otra cosa.
Podemos ser miembros de una iglesia. Podemos predicar en Su nombre,
en Su Nombre echar fuera demonios y en Su Nombre hacer muchas obras
maravillosas. Sin embargo, nunca llegaremos a ser semejantes
a Él mientras nos encerremos en un pequeño círculo
y prestemos oídos sordos al clamor de los no-alcanzados. Porque
Cristo es exactamente lo opuesto.2
Tomando
Su Nombre en Vano.
“No maldigas en el nombre de Dios… es vulgar, y además
no debes tomar el nombre de Dios en vano”, han gritado miles de
madres… y luego amenazaron con una barra de jabón. Si eso
fuese todo, ya habríamos dominado a esta singular parte de los
Diez Mandamientos.
Como Cristiano (que realmente significa un “pequeño Cristo”
o un “pequeño ungido”), esto se convierte en un asunto
problemático. Como en el matrimonio, los dos se están
haciendo uno: Jesús y yo. Cuando la gente me ve, ve todo lo que
conocen de Cristo. Soy el representante humano de Cristo, muy semejante
a un embajador. Pero más que eso, Él vive en mí,
y yo soy Su Cuerpo – Sus manos y Sus pies.
El Rev. Hal Perkins, mi amigo y ex-pastor, me lo explicó de la
siguiente manera: “El Nombre del Señor es Su naturaleza
y Su carácter. Cuando tomamos su Nombre, Su naturaleza y Su carácter
llegan a ser nuestra identidad”. No es tanto que necesitemos hacer
una exhibición ante el mundo, sino que el mundo honrará
o despreciará el Nombre de Jesús debido a nuestras vidas.
Si declaramos que le conocemos, y aún persistimos en pecar y
auto-gobernarnos, Cristo es avergonzado, y hemos tomado el Nombre del
Señor en vano. Sin embargo, si caminamos en el Espíritu
y llevamos una vida de Su amor y Su Santidad, entonces Su Nombre será
conocido y honrado en todo lugar.
Una premisa de este libro es que usted es una persona que busca a Dios
sinceramente. Usted es un Cristo-iano (del inglés ‘Christ-ian’).
Usted está interesado en obedecer a Cristo a cualquier costo.
Usted entiende que Jesús es el Señor y que tiene el derecho
de gobernar cada pensamiento, cada decisión y cada emoción
de su vida. Usted es alguien a quien las Escrituras no sólo llama
“oidor”, sino “hacedor” de la Palabra.
Mientras buscamos el Corazón de Dios, es importante que dejemos
de engañarnos en cuanto a cuáles pensamientos, acciones
y actitudes provienen de Él y cuáles de la carne o de
hábitos. La Biblia advierte severamente, “No actúen
tontamente; procuren entender cuál es la voluntad del Señor”
Efesios 5:17 (Versión Popular).
A medida que descubra como es Su corazón y se quede pasmado al
darse cuenta que usted está en oposición o es indiferente
a
esas cuestiones, necesitará arrepentirse. No es Dios quien necesita
amoldarse a nuestra forma de pensar. Somos nosotros quienes necesitamos
confesar: “Jesús, no siento lo mismo, sé que debería,
pero no lo siento. No quiero tomar tu nombre en vano. Por favor cámbiame,
para que pueda ser como Tú”.
Oh, somos
tu combustible, Señor.
Oh, enciende nuestro corazón.
Oh Señor, iremos a donde quiera que tú digas.
Tomaremos nuestra cruz y sufriremos pérdidas
Por causa de tu Nombre.
Una visión
del mundo en llamas,
Por todo el globo está escrito el Nombre de Jesús.
Y el corazón de Dios está ardiendo
En los corazones de Su pueblo.3
Notas
1 Steven C. Hawthorne, “Wisdom for the Window: Practical Training
For Prayer Journeyers”
(Colorado Springs, Christian Information Network, 1995).
2 Egbert W. Smith, The Desire of All Nations
(Garden City: Doubleday, Doran and Company, Inc., 1928), pp. 14-15.
3 Charlie Hall, “The Vision”, Generation Productions, 1997.